Muletas en la Adoración

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Imagino que al leer el tema de este estudio, pensaste en una persona que en medio del devocional y tiempo de alabanza, soltó sus muletas y se puso a danzar siendo sanado por el Señor, pero es al contrario, se trata de una persona que toma las muletas y hace uso de ellas para ministrar en la reunión.

En esta ocasión no estoy hablando de personas lisiadas y que usan muletas para poder caminar. Si bien es cierto las muletas son herramientas de apoyo para aquellas personas que padecen de alguna lesión y se apoyan en estos aparatos médicos, me referiré al termino “muletas” o “muletillas”.

Una muletilla es una palabra o frase que se repite mucho por hábito, en ocasiones llegando al extremo de no poder decir frase alguna sin ella. Si la muletilla excede de una palabra puede ser una frase hecha. Etimológicamente, el nombre de la palabra muletilla deriva de muleta en cuanto es algo que sirve como soporte, en el caso lingüístico como soporte de un discurso (generalmente cuando no hay una palabra o una frase más apropiada para un caso o porque al que usa la muletilla no se le ocurre en ese momento otra palabra, también las muletillas sirven como señal de identificación recíproca entre los hablantes -por ejemplo las muletillas de un español no son las mismas que las de un argentino ni las de un argentino las mismas que de un mexicano ni estas las mismas que las de un boliviano ). Como soporte en un discurso: en tal caso se define como una frase, palabra o voz que se repite mucho consuetudinariamente o por hábito (muchas muletillas tienen un tiempo de moda y luego caen en desuso o son despreciadas por “anticuadas”).

La muletilla, también conocida como coletilla, latiguillo, bordón, bordoncillo, ripio, no está dirigida específicamente al oyente, ya que al no tener contenido informativo directo, el oyente solo percibe que el interlocutor no tiene claro lo que quiere decir y que necesita apoyarse en frases o palabras sin sentido para poder continuar hablando, es por eso que una muletilla representa un tic verbal en la conversación.

Estas son muy usadas en las conversaciones cotidianas y casi pasan desapercibidas al convertirse en una costumbre y hábito.

De la misma manera, los cristianos hemos configurado un sistema de “muletas” o “muletillas” para dirigir nuestros tiempos de adoración y créanme, lo hacemos casi todos o la mayoría.

¿Cómo nos suena el típico cliché: “demos un aplauso al Señor”? o ¿Cuántos dicen Amén? Cito estos como ejemplos de los más comunes. Que decir de: “regálale una sonrisa al hermano que tienes a tu lado” o ¿Cuantos trajeron sus manos? Y así por el estilo.

No pretendo criticar de ninguna manera a las personas que en algún momento hacen uso de estas “muletillas” cuando dirigen el devocional, de hecho, yo mismo lo he hecho y casi sin darme cuenta estoy cayendo en este tipo de repeticiones, pues se han convertido en un hábito en nuestro léxico evangélico a la hora de dirigir una reunión. Si embargo creo que deberíamos prestar un poco de atención cuando esto lo hacemos de manera seguida y desmedida o como una mecanismo de escape cuando no tenemos nada que decir y hacemos uso de estos recursos para salir adelante.

No es malo animar y motivar a los hermanos a levantar sus manos, a cantar con gozo y alegría y hasta dar palmas al Señor, pero a veces se abusa de este tipo de acciones y se pierde el sentido de lo que se dice, ya sea porque el que preside la reunión se quedo sin palabras o porque ya tiene enraizado esto como un hábito, al grado tal que ni se entera de lo que esta diciendo.

Hay personas que para todo piden un “amén” y por el otro lado, hay personas que para todo dicen “amén” y esto se debe a que hemos convertido esta frase en una costumbre, en una respuesta condicionada. He escuchado con cierta comicidad como algunos dicen “amén a cosas negativas, por ejemplo: “y fue en ese momento hermanos, que decidí quitarme la vida” y la gente dice: ¡Améeeennn! hasta con emoción. 1 Corintios 4:15 ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.

Otro detalle que he observado en las reuniones es ¿por qué la gente siempre aplaude después de cada canto? Casi parece un condicionamiento mental, pero este punto lo ampliaré en otro artículo referente a la manipulación que se ejerce muchas veces desde el púlpito.

En una ocasión, durante un concierto en el que participamos con el grupo de alabanza, la persona que presidía el concierto abuso de una frase toda la noche, “regálele un abrazo y una sonrisa a la persona que tiene a su lado” si mencionó esto unas 100 veces durante la noche créanme que fue poco. Después de la 20 vez, ya no era divertido y la gente ya no regalaba sonrisas al hermano de la par y menos a quién dirigía la reunión.

Los excesos y abusos nunca son buenos y en lugar de ser frases que motivan al pueblo a la adoración se convierten en obstáculos pues reflejan cierta improvisación.

Repito, no estoy juzgando a nadie, como lo dije anteriormente yo mismo he usado estas muletillas y hasta he creado algunas, pues de repente en alguna reunión me funcionó pero no da pie a que las use todo el tiempo.

Consejos

Creo que no esta mal evaluar la forma en que dirigimos los cultos. Y parte de ello es sincerarnos con nosotros mismos y con el equipo de líderes de la alabanza, para que podamos mejorar en este sentido.

Debemos anotar cuantas veces hacemos uso de estos recursos muletillas, para ver la frecuencia con la que lo hacemos y el sentido del por qué lo decimos. Será bueno grabarnos mientras estamos dirigiendo y escucharnos para tomar nota cuanto usamos estas frases, si realmente tenían una razón y sentido de ser dichas en ese momento o no tenían sentido.

Hay que leer, leer y leer y después que hayamos leído, hay que volver a leer. Es necesario enriquecer nuestro vocabulario, tener un amplio conocimiento de nuestro idioma español el cual es muy rico en palabras, oraciones y expresiones que estoy seguro serán de mucha ayuda al momento de hacer nuestra dirección.

Hablando de lectura, no solo la literatura y el estudio del uso correcto de nuestro idioma nos ayudará en este asunto, sino que los cristianos contamos con La Palabra de Dios, la cual debemos leer, estudiar y aprender. Que edificante es cuando la persona que preside la reunión habla de la Palabra, comparte la Palabra, sin hacer uso de frases repetitivas (Mateo 6:7 “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”).

Una persona que conoce las Escrituras, que hasta sabe de memoria pasajes enteros tendrá un recursos maravilloso para dirigirse a la congregación sin caer en el abuso de usar estas muletas que a veces no vienen al caso.

Si aún es una persona con poca experiencia en la dirección de culto, mi consejo es que escriba incluso lo que va a decir. Quizá sea un poco programado al principio, pero con el paso del tiempo y en la medida que vaya adquiriendo práctica, irá desarrollando mejores técnicas y enriqueciendo su vocabulario para poder dirigirse con mas efectividad.

Una nota mas, si bien es cierto casi todo este estudio es bien técnico, déjame decirte, y para evitar malos entendidos, que en ningún momento pretendo dejar como idea en tu pensamiento que la reunión depende del buen desempeño del que la dirige, pues el centro de la reunión siempre será Jesucristo, es más, el buen director de alabanza es como el buen arbitro de fútbol, es decir, aquel que no se mira en el partido. Hay directores de cultos que se dejan ver mucho haciendo ademanes, diciendo frases repetitivas y abusando de estas “muletillas”. Esto da cabida entonces al último consejo en este sentido: Proverbios 3:5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. La mejor muleta y apoyo para sacar adelante tu dirección de culto se llama: JESÚS.

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